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Opinión

The Vincent Black Shadow y la epistemología olfativa

Hace unos días, un compañero compartía con nosotros un comentario en una entrada reciente que me hacía reflexionar. Venía a decir nuestro amigo que nunca deberíamos perder la objetividad y la perspectiva, sabiendo de dónde venimos y a dónde diantre vamos, refiriéndose a la necesaria educación olfativa, la evolución en gustos y registros, en definitiva la experiencia, o la conquista de la misma tras una precisa y siempre necesaria epistemología. Nunca olvidemos que si bien la perfumería es considerada por no pocos como un arte, es sobre todo un oficio, un quehacer, una labor, que en ocasiones contadas terminan convertido en pura artesanía. Me gusta pensar que la perfumería es de manera esencial un oficio, y un buen perfumista es un artesano, no un artista. Como decía el gran Anthony Bourdain, no hay nada de malo en ello: las grandes catedrales de Europa fueron construidas por artesanos, aunque no diseñadas por ellos. Y con ello en mente, y si me permiten la gigantesca metáfora que voy a desarrollar en esta entrada, pueden seguir leyendo y quizás alcance a entender qué demonios quiero decirles…

Toda mi vida he sido un entusiasta de las motocicletas. Cuando apenas era un chaval, no podía evitar girar la cabeza al escuchar, calle abajo, el estruendoso petardeo de estos cacharros ruidosos y peligrosos. Me quedaba como embobado mirando la motocicleta de turno, y no podía evitar envidiar al afortunado tipo a sus mandos.
Muchos años después, pude comprar al fin mi primera moto, una vez reuní, no sin esfuerzo, el dinero requerido ahorrado en muchos meses de trabajo. Desde entonces, siempre he ido en moto de un lugar a otro, prácticamente todos los días de mi vida, convirtiéndose en mi vehículo habitual. He tenido varias y diversas, y he podido conducir otras tantas, aunque, debo admitir, que siempre sentí debilidad por las motocicletas de corte clásico… antiguas. No en balde, mi primera gran moto fue una Harley Sportster 883R, con motor de carburación, un modelo que apenas ha cambiado en su configuración desde hace más de una década, mejorando lo presente pero manteniéndose fiel al esquema original y la fama del modelo y fabricante. Pero aparte de ello, he podido adquirir, o bien recuperar, otras motos que atesoro con cariño, todas ellas clásicas, como una Lambretta Jet 200 del 77 o la ISO de mi abuelo, en paz descanse, del 53, con sus viejos puños de tipo Coca-Cola originarios de una Guzzi. Como ven, viejos cacharros… y entre ellos, la moto de las motos, el Santo Grial, mi soñada Vincent Black Shadow.

Un día un amigo me dijo: <<no entiendo como puedes ir con esas antiguallas, yo no podría conducir eso habiendo modelos muchos más modernos, con tecnología punta, y bla, bla>>. Pero no se trata de eso… no, no tiene nada que ver con los avances tecnológicos, el par motor, consumo, caballos, velocidad punta, ABS y demás, en absoluto… se trata de las sensaciones, del estilo, del espíritu, de la tradición, de los recuerdos, la nostalgia, de la vida y las experiencias personales. Hay algo mucho más complejo, sentimental, emotivo si cabe, en el por qué y el cómo de todo esto. Aquellas motos antiguas permitían un contacto más cercano, sencillo, entre el usuario y la máquina. Uno podía cambiarle el aceite sin necesidad de desmontar toda la moto. Las bujías criaban perla y con una sola llave podías cambiarla al momento y a correr. Luego lijabas el borne y podías volver a utilizarla. Siempre andábamos echándole más aceite de más a la mezcla, con la consecuente humareda; trucábamos los cilindros, o salíamos del paso del típico tubo de escape embozado metiendo alambres por el colector o quemándolo con gasolina a lo bruto para eliminar la carbonilla. Podíamos variar el flujo de aire en nuestros carburadores, la admisión de combustible, cambiar los filtros con facilidad… o quitarlos sin más. Las motos nos permitían esto… es más, requerían este tipo de compromiso con el usuario. Entonces no precisábamos de gruesos tomos de instrucciones llenos de arcanos indescifrables, un simple folleto te enseñaba de forma rudimentaria a mantener tu moto, incluyendo unas breves recomendaciones de seguridad. El resto corrían de nuestra cuenta, en un proceso de aprendizaje tan interesante, sino más, que la propia experiencia de pilotar la motocicleta. Aunque las más de las veces bastaba el consejo de un amigo; un amigo, por cierto, que te echaba una mano para reparar la moto en su caso: desde cambiar un tubo de escape Clubman para una Lambretta hasta unas nuevas colas Vances & Hines para una Softail (mi añorada HD Crossbones con su horquilla clásica frontal).

Con todo esto, no quiero decir que las motos de hoy no sean… motos, ni mucho menos: son máquinas soberbias, divertidas, seguras, rápidas, fenomenales… pero, mucho más complejas, rebosantes de aplicaciones informáticas y electrónicas, que suplen en cierto modo la capacidad del usuario modificando la relación entre la máquina y el piloto, decantando la balanza del lado de la motocicleta. Toda reparación de una moderna moto empieza hoy conectándola a un ordenador y las opciones son infinitas, múltiples y complejas. Sí, todo esto está bien, pero en su esencia las motos siguen siendo, tan sólo, cilindros, culatas, pistones… configurados de diversas maneras y formas, sí, pero compresión y explosión al fin y al cabo. Todas tienen un mismo origen.

Llegados a este punto, ¿qué quieren que les diga? Yo me quedo con una Vincent Black Shadow. Y si me preguntan la razón, les diré, tan sólo, que escojo la Vincent porque… ¡porque es una Vincent! Y si me habéis leído hasta aquí sabréis los motivos tras esta decisión.

Una ola no puede explicar todo el mar, pero bastará con leer entre líneas.

La perfumería, como oficio, como artesanía, ha avanzando mucho desde antaño, convirtiéndose en un gran negocio hogaño, más complicado y artero, más voluble y complejo, pero su esencia apenas ha cambiado en siglos. Su razón de ser aún hoy, y por siempre espero, entronca con las emociones más allá de las razones, con el corazón y los sentimientos, con los recuerdos y las vivencias asociadas, remembranzas de tiempos que se esfumaron en la niebla de las eras, de nuestros años, de sus días y los míos propios, de nuestras existencias efímeras, pesarosas y aliquebradas siempre al atardecer y en la noche de nuestro viaje por un universo atroz, oscuro y frío. Las personas pueden marcharse de este mundo para no volver jamás, pero no morirán del todo si persisten en nuestra memoria; como su perfume tampoco muere, y resta en un tocador polvoriento, desatendido, añorando las veces que tocaba su piel cálida, viva, aún enrojecida por el constante fluir de la sangre.

Nunca podremos comprender un perfume moderno si olvidamos de dónde viene, qué hubo antes, cuáles son sus raíces y cimientos, la propia historia de la perfumería no como arte sino como artesanía. Añadamos ahora la melancolía que se abate sobre nosotros cuando intentamos entender a los héroes de un tiempo pasado, heraldos de nuestro hoy y de su mañana: Mouchoir de Monsieur, Iris Gris y Ambre Antique, Rive Gauche o Vol de Nuit, el perfume de Cleopatra (Bakkaris), el incienso bíblico o el nardo indio con el cual María de Betania ungió los pies de Jesucristo, L’Air du Temps, Nombre Noir o Après l’Ondée, Chamade, Calandre, Calèche, Diorama o Diorella, Bandit y Fracas, Eau Sauvage o Drakkar Noir, Habanita, Iris Gris, Jicky, Joy, L’Heure Bleu, Mitsouko, Poison y Poivre, la obra de Coty empezando por su rompedor Chypre, Bellodgia, Opium, Old Spice, Tabac Blonde, Tocade y tantos otros. Sin ellos, es más, sin el olor de nuestra infancia, de nuestros recuerdos, de una simple y solitaria flor emergiendo de la nada para mostrar su belleza caduca, no podemos comprender nada. Un perfume es un recuerdo, una emoción. Un perfume es como mi soñada Vincent Black Shadow. Un anhelo. Nada más, y nada menos. Y morirá conmigo, y con usted, porque: ¿quién quiere vivir para siempre?

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  1. ALTAICA

    Para enmarcar. Una entrada preñada de sutilizas, lirismo, emociones y pasiones. Y todo envuelto en letras de exquisito lujo. No ya es que escribas como los ángeles, es que todo el texto es armónico y especialmente atrayente. Enhorabuena y gracias. Un lugar aislado, perdido y refinado que es un verdadero placer visitar.

  2. ALTAICA

    Por cierto, una de las motos que atesoras ha salido a subasta en más de cien mil euros. Cuídala con cariño que la «niña» es un potosí.

  3. ALTAICA

    Por cierto, he hecho esta consulta en diferentes ocasiones y siempre sin respuesta. Tanto Kouros como Antaeus aparecieron el mismo año y curiosamente tienen muchos, tal vez demasiados, puntos en común. Son creaciones de distinto perfumista. Siempre me resultó muy extraño. ¿Sabes algo al respecto?

    • Pedro Gil

      Pues no, pero no me extrañaría que hubiera algo de espionaje industrial, o un muy hábil empleo de un cromatógrafo. O simplemente una afortunada coincidencia.

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