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Perfumes de diseñador

Reseña de 212 Heroes, de Carolina Herrera

Si les soy sincero, la primera vez que vi un anuncio de esta fragancia, asociando la particular botella simulando un monopatín con su nombre, 212 Heroes, mi mente lo relacionó de manera automática con la infausta historia del atentado yihadista que tuvo lugar en el London Bridge (Londres) un 3 de junio de 2017. Seguro que no pocos de ustedes lo recordarán, pues de aquel drama, que se saldó con ocho muertos y cuarenta y ocho heridos, emergió la indómita figura de un corajudo español que, armado con su monopatín, arremetió contra los terroristas dispuesto a trocar su vida con tal de salvar la de un policía que, herido de gravedad, restaba tendido, y la de una mujer próxima también asaltada por aquellas bestias inmundas. Valiéndose de su monopatín como única arma, este hombre valiente y honrado puso su vida en peligro con el sólo propósito de auxiliar al desvalido, sin pensar en las consecuencias. Y murió por ello, apuñalado en la espalda con la vil cobardía propia de un terrorista. Un verdadero héroe, inopinado a su modo, imprevisto, pero tan monolítico y cierto como el que más. No todos los héroes llevan capa, algunos van en patinete, como don Ignacio Echevarría.

De seguro que nada tiene que ver, y más les valdría que fuera así, porque relacionar la luminosa y ejemplar conducta de este hombre sin par con un lanzamiento comercial me parece un acto de desfachatez difícilmente asumible, incluso para Puig, pero cosas peores hemos visto. Sea como fuere, de ser el caso, la ignominia hubiera sido aún más nefanda, dadas las cualidades generales de este constructo perfumístico, conformado con retales moleculares de meliflua mediocridad. Hay en su salida un trampantojo de limón afrutado de polietileno seguramente compuesto en una planta petroquímica de Basora, Irak. Si superamos la bolsa de plástico en la cabeza, aún con aire en los pulmones, nos enfrentaremos a un asalto con bayoneta calada de varios compuestos dulzones de mordiente artificial hendedora y cruel. Para acabar en un totum revolutum de insidiosas moléculas ambaradas y almizcles blancos detersorios, industriales, difusivos y cáusticos. ¡Es una maravilla propia del laboratorio de Alí el Químico!, faltan unas gotas de mostaza sulfurada (bis (2-cloroetil) sulfano) y ya podemos meter esto en un proyectil de artillería.

En fin, bromas aparte, 212 Heroes es otro añadido más a la ya demasiado extensa lista de perfumes dulzones para los mozos cabeza hueca ahí fuera. Es tan normal y rutinaria como otras miles, salvo que esta viene en patinete. Sí, obra maestra del departamento de diseño de Puig o quién diantre se encargue de estos menesteres para la empresa. Ya hemos sufrido otras cosas similares manufacturadas en este estilo tan camp, rozando lo kitsch, que tanto parecen gustar a sus responsables, cosas como el «tacón» de Good Girl o el «rayo» de Bad Boy. Pero bueno, tiendo a ser indulgente con estas cosas del diseño, y no le negaré cierta originalidad, en su despliegue cutre ahíto de efectismo y exageración teatral; algo que sus anuncios en televisión, que habrán visto todos ustedes hasta la nausea, se encargan de exacerbar (aunque peores son los de Paco Rabanne, pero ésa es una historia que dejamos para otra ocasión). Recapitulando: ¡meted más dinero en la fórmula en lugar de la botella! Al fin y al cabo lo que vamos a usar e interesa es el contenido y no el continente, ¡malditos fenicios!

Ya para terminar, lo del nombre de Heroes asociándolo a la juventud tampoco acabo de verlo, seguro que tendrá su narrativa, perifrástica y molona, estúpida también, pero no me voy a molestar en indagar. Puede que ni la haya, y simplemente haya salido la palabra jugando al Scattergories, yo qué sé. Lo que sí sé es que me tengo que quitar esto de mi brazo, aunque me haya puesto muy poquito. Este es uno de esos perfumes del que debes echarte poco por temor a delatarte. Pero algún mérito tiene, pues de no existir no se habrían descubierto las jaquecas, ni las lavadoras, ni la lejía.

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