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AQUA SEXTIUS, de Jules et Mad Paris

Si obviamos el latín patatero empleado para dar nombre a esta fragancia (entiendo debería ser Aquae Sextiae) y la horrible tonalidad verdosa azulada del líquido (manía de incluir colorantes industriales), estamos ante una hermosa composición que gira en torno a un bien redondeado acorde cítrico y herbal, con un secado amaderado notablemente bello, reposado y elegante en grado sumo. Destaca la persistencia encamada de su salida fresca, que se prolonga y prolonga, obviamente asistida por ignotas moléculas bien asimiladas en una formulación redonda y magistral. Todo ello armado sin el soporífero, ubicuo y derivativo uso del dulce (piña ahumada). En mi opinión, una de las mejores fragancias primaverales y veraniegas ahí fuera, excelente para adornar nuestra piel con su airada compostura de vibrantes hesperidios. Aunque como saben, un servidor no es de arrogar estacionalidad a fragancia alguna, tampoco género si me preguntan. Pero sé que muchos de ustedes no piensan de esta forma, así que tiendo a condescender y aplicar estos criterios en no pocas de mi reseñas, y no a regañadientes como podrían imaginar.

Voy a volver al nombre de la fragancia, que hace mención a la ciudad de Aix-en-Provence, tal como la conocían los romanos, Aqua Sextiae que no Aqua Sextius. Pero quizás, al menos para un estudioso de la historia militar, como lo es un servidor de ustedes, este nombre evoca la famosa batalla que tuvo lugar en sus campos circundantes el verano del año 102 antes de Cristo, que enfrentaría a las legiones romanas comandadas por Cayo Mario contra las tribus teutonas y sus aliados ambrones. Esta cruenta contienda se saldó con la victoria romana, otra de las muchas cosechadas por el que no pocos consideran uno de los mejores estrategas romanos, quien no solo modernizó la estructura de las legiones, estableciendo la profesionalización de la tropa y su organización en cohortes, sino que también inspiraría y dirigiría la carrera político y militar de Julio César, emparentado con Cayo Mario (era el sobrino de su esposa).

La batalla de Vercellae, por Giovanni Battista Tiepolo, que retrata otra de las célebres contiendas de nuestro Cayo Mario

Volviendo a la famosa batalla, en su preparación y desarrollo encontramos elementos que hablan a las claras del talento táctico de Cayo Mario. Primero de todo, el general romano elige el campo de batalla, pues en lugar de perseguir y acosar al enemigo, decide aguardar su envite, fortificando su posición en plena Galia Narbonense y asegurando primero su acceso a una fuente segura de agua y proveyéndose de abundantes vituallas. El enemigo, decide no atacar la posición de los legionarios y emprende la marcha en el llano de la depresión formada por el delta del Ródano con el propósito de cruzar los Alpes por la costa en La Turbille. Los romanos siguen a la hueste enemiga hostigando su retaguardia hasta que estos se ven obligados a combatir. En esta primera refriega quedarían casi destruidos los ambrones. Pero aún restaban los guerreros teutones, más numerosos y peligrosos. Cayo Mario se retira y comienza a fortificar su posición. En un error sin precedentes, el enemigo decide no atacar cuando las defensas romanas eran aún precarias. De nuevo Mario da cuenta de su talento, y decide replegarse a una nueva posición para fortificarla adecuadamente, seleccionando de nuevo el campo de batalla y manteniendo así la iniciativa táctica. En su repliegue, el cónsul reordena sus tropas preparando ya la siguiente escaramuza con los bárbaros, y ordena a su más hábil general, Marco Claudio Marcelo, tomar cuatro cohortes (unos tres mil soldados) y situarlas en una posición desenfilada y oculta a la vista del enemigo para maniobrar a su espalda una vez estos ataquen al grueso de la tropa legionaria. En un gesto inusual para un alto mando de las legiones, Mario decide emplazarse en primera línea de combate esperando la embestida de los teutones, dominando el terreno desde una cota elevada. El espectáculo de todo un cónsul romano, formando codo con codo con sus soldados, envuelto en su túnica púrpura y brillante armadura, se convierte en leyenda. Los ligures gritan alborozados y los rudos hastati de vanguardia entrechocan sus escudos. Y entonces el cónsul envía a su caballería para provocar el ataque de los bárbaros. Estos caen en la trampa y arremeten violentamente colina arriba. El asalto es repelido por los romanos, que contraatacan empujando al enemigo al llano, donde resultan sorprendidos, al ser acometidos por la espalda por las tropas de Marco Claudio Marcelo. La táctica del yunque y el martillo había funcionado a la perfección, y los germanos son duramente castigados, quedando prácticamente aniquilados. Esto, señoras y señores, se llama pericia militar.

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