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Nawab of Oudh, de Ormonde Jayne

Nawab of Oudh me ha llegado muy dentro, algo complicado a estas alturas, tras años de probar cientos de perfumes, los más ramplones o derivativos, cuando no nefandos y abominables. La gran mayoría de las creaciones de esta casa son en verdad formidables, dotadas de la ortodoxia uniforme que otorga el disponer de un único perfumista, Geza Schoen, cuya batuta es apreciable, adornando sus perfumes con una difusividad y transparencia muy característica. Y es algo que encontramos aquí, sobremanera, pues lejos de lo que podríamos sospechar por su nombre y la presencia de la nota de oud, lo que aquí se nos despliega es en realidad uno de los florales de hesperidios más preciosos y elegantes que he olido en mucho. Radiante, fresco y ahíto de acedías luminosas, de hechuras y contingencias abroqueladas de suntuosos acordes florales límpidos y beatíficos. Sublime y majestuoso.

La consistencia, no ya sólo de esta Nawab of Oudh, sino del todo el catálogo de la casa es algo que aprecio y, sin duda, una cualidad poco habitual. A lo que sumamos una competente dirección artística, elemento imprescindible si me apuran. En Ormonde Jayne han sabido como pocos entender que la conjunción entre la dirección de arte y la técnica, una comunión a todos los niveles y que debe acometerse de manera fluida, casi íntima, profesional y calificada, es la clave del éxito. Y Black Gold, u Ormonde Man, Ormonde Woman y por descontado Nawab of Oudh, son pruebas fehacientes del compromiso con la excelencia alcanzada en la casa. Y ya saben que no soy, ni mucho menos, de elogio fácil.

Se conoce como nawab, o nabab en castellano, al gobernador de una provincia en la India musulmana. Así pues este Nawab of Oudh rinde tributo al nabab de Awadh (estado de la India conocido para los ingleses del Raj como Oudh). Los nawabs de Awadh pertenecían a una dinastía de origen persa de Nishapur, Irán. En 1724, Nawab Sa’adat Khan estableció el estado de Oudh con su capital en Faizabad y Lucknow.

Entrada al fuerte de Lal Bagh, en Faizabad, dentro del estado de Awahd/Oudh. Obra de Thomas y William Daniell, 1801.

Los nabab de Awadh eran gobernantes locales que gozaban de cierta autonomía del Imperio Mogol o Gran Mogol, en particular tras el periodo posterior a la muerte en 1707 de Aurangzeb, sexto emperador mogol de la India. Con todo, se mantuvieron fieles a sus señores, alineándose con el Gran Mogol en la recordada Batalla de Bhopal (1737) contra la Confederación Maratha (Imperio Maratha) y años más tarde en la desastrosa Batalla de Karnal (1739), en la que fueron derrotados inmisericordemente por las tropas del Napoleón persa, el líder de la dinastía afsárida irania, Nader Shah. Los nabab de Awadh, junto con muchos otros nabab, eran considerados miembros de la nobleza del gran Imperio Mogol. La alianza del noble y fiel estado de Awadh se mantuvo incólume incluso durante la invasión de las tropas del Imperio Afgano de Ahmad Shah Durrani durante la Tercera Batalla de Panipat (1761), junto a los mogoles, el Kanato de Kalat y el estado principesco de Amb, restaurando en el trono imperial a Shah Alam II. Pocos años después, el nabab de Awadh y sus aguerridas tropas combatieron con ardor en la Batalla de Buxar (1764), que resultaría a la postre decisiva, ya que fueron vapuleados por los soldados británicos comandados por el habilidoso Hector Munro, a las ordenas de la infame Compañía Británica de las Indias Orientales. El estado de Oudh o Awadh finalmente se declaró independiente del Imperio Mogol en 1818.

No me dirán que la historia de los señores o nabab de Oudh no es interesante, ¿verdad?

NOTA: El Imperio Mogol, como bien sabrán todos ustedes, fue un poderoso estado túrquico-islámico del subcontinente indio, que pervivió entre los siglos XVI y XIX. Durante su período mayo expansión, abarcó buena parte de la India, Pakistán y Bangladés, llegando a poseer zonas de Afganistán, Nepal, Bután y un puñado de provincias persas.

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  1. John Le Musc

    Ormonde Jane es absoluta sensatez y prolijidad procedimental. La fragancia de mujer como la de hombre son delicatessen olfativas, por lo que presiento por tu reflexión, que nawab es un imperdible. La historia, por lo demás, un complemento formidable.

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