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Apsu, de Ulrich Lang

Como algunos de ustedes saben, he comenzado a escribir la segunda entrega de nuestra guía de perfumes a quemarropa, que incorporará decenas de nuevas reseñas de todo tipo de perfumes, adornadas con nuestra franqueza habitual, no pocas veces salpimentada de cierta sorna, humor y anécdotas que creemos interesantes. Y para muestra les dejo un botón, una crítica de las que aparecerán en el susodicho volumen…

Debo admitir que el primer encontronazo con este perfume no fue agradable, ya que se despliega inmisericorde en las fosas nasales, como un zarabanda estrepitosa, bullanguera y ciertamente molesta. Es como embutir en la nariz una ensalada india tipo raita a tope de cilantro y otras cosas verdes, acres, húmidas. Y es que el olor del cilantro, y a más inri cuando se nos presenta de forma tan preclara, resulta controvertido, con aviesos y punzantes tonos jabonosos, minerales, alimonados y grasos aldehídicos: como aplastar uno de esos insidiosos chinches verdes apestosos (chinche insano, como lo llamamos aquí en Murcia) que todos conocemos, que desprenden ese hediondo aroma propiciado por sus glándulas «repugnatorias». Y es que, lo que no sabe mucha gente, es que la palabra coriandro (que define también la propia de «cilantro») deriva del término griego koris, que viene a significar insecto o, más concretamente, ¡chinche!

En fin, no entiendo muy bien el abuso de la nota de cilantro en este perfume, que arruina toda la composición tornándola a mi nariz inasumible. Si bien es cierto que el secado suaviza el impacto, llegar hasta él requerirá pisar unos cuantos chinches de estos pestíferos. Así que: ¡no, gracias!

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