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Perfumería árabe

Shuhrah Pour Homme de Rasasi

Mejunje sintético abominable, ahíto de un muy perceptible y exagerado uso de Lyral y Lilial, con toneladas del ubicuo benzyl salicytate (debe ser lo único que huele bien aquí, aun siendo una molécula sintética, y tampoco logra su función de armonizar la turbamulta de sintéticos cutres). Ni qué decir del añadido de dos, no uno sino dos, tintes industriales (derivados de antraquinona), como si todos los demás no fueran suficientes. También se aprecia un uso a espuertas de cumarina dulzona barata. Pero lo más sangrante es el empleo de dos, ¡dos!, filtros UVA sintéticos para estabilizar el color, uno de ellos, de hecho, muy peligroso, el butyl methoxy dibenzoyl methane. Esta cosa es azul. Azul.

El olor es barato, como los ingredientes empleados. Huele como el ambientador de uno de esos locales de striptease oscuros de mala muerte del distrito de Patpong en Bangkok. O como el cenicero de un bingo mugriento en Alcobendas a las dos de la mañana, cerca de un White Label de garrafón servido en vaso de tubo y con cubitos con sabor a cloro (en el hilo musical suena Azul, de Cristian Castro), para no irnos tan lejos. Lo mediocre siempre anda al acecho, cerca, a bocajarro. La elegancia es harto más elusiva, y no la encontrarán en esta infame ocurrencia, ni en el Super Pussy de Patpong ni en la desolada sala del bingo de extrarradio.

Esta fragancia ha visto cierta representatividad en la comunidad online de aficionados a la cosa, gracias al vídeo de un conocido reseñador de YouTube cuyo conocimiento anda a la par que su capacidad para vocalizar un correcto castellano.

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